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Conmigo

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Crónica- ensayo

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Conmigo

El aislamiento puede resultar en un encuentro de exageradas proporciones con nosotros mismos, una cita de valientes que pocos son capaces de encarar. En medio de la compañía permanente de las propias cavilas; en donde el mundo se ha callado y el único ruido perceptible es el de la mente, el humano muchas veces trata de escapar, de perderse entre las ruinas que ha inventado como escenario de sobrevivencia. 


Podría hablar de medidas de protección, de cifras, de noticias insoportables, de conspiraciones apocalípticas o de la política absurda que agrupa a los seres humanos en todas las geografías de la tierra. En cambio, solo hablaré de la voz que ahora me habita, esa que me acompaña desde que el mundo se vuelta y la vida se confino dentro de muros e introspección.


Pienso en las rutinas cotidianas. Todos los días mi mamá sale a trabajar porque es epidemióloga; hace parte de aquellos que luchan para evitar que otros mueran. Trata de entender un mal hasta ahora incomprensible para los habitantes del planeta. Mi tía se las arregla para atender la casa y trabajar desde la computadora. Mis primas se dedican a sus pasatiempos. Yo me entrego a la más ridícula de las aflicciones, pensar de más. A veces escribo, pero siempre acabo por hundirme en disertaciones existenciales incomprensibles y poco atractivas para quienes no habitan mi cabeza. Leo, escucho música y canto en idiomas que no entiendo, para jugar al mundo dentro las paredes de mi habitación. 


El gato es quien más sale, aprovecha cualquier ocasión para escabullirse; supongo que no soporta la convivencia permanente con humanos que luchan contra el miedo cerrando la puerta y cubriéndose el rostro. Hay momentos en los que quiero irme sin pensar en nada, exponer mi cuerpo a la voluntad del destino, en caso de que el destino exista. Entonces, recuerdo a mi madre y me siento despreciable por contemplar el intento de burlar su trabajo. Me preocupa su salud, ella tiene que usar medicamentos de por vida por un tumor cerebral que ya derrotó dos veces en el quirófano. Concluí que mi mamá es el ser más fuerte y menos egoísta que conozco, teme que el mundo sufra los dolores que ella conoce de más; no hay un ser más compasivo en el planeta, y yo soy la mayor prueba de su piedad.


Siento más miedo por ella que por el mundo; puede que solo tema por el terrible efecto que produciría su ausencia en mi vida. Pienso que doy mi madre a diario como prenda de solidaridad a una sociedad en su mayoría inconsciente; a veces admito que solo quiero ser egoísta y confinar a mi mamá como a los otros humanos del mundo; allá, donde el mal nunca pueda alcanzarla.  


No entiendo porque la vida es como es, porque pasó esto cuando tengo 25 y no 90, porque el mundo cerró la puerta en el punto más álgido de mi afán por explorarlo. Supongo que ahora navego solo mis adentros; entre el asombro, la autocompasión y el elogio ocasional. Nunca el espejo había sido tan honesto, nunca la puerta tan triste y nunca mi alma más desnuda. Todos dicen que la vida no será lo que era antes; yo solo puedo hablar a cuenta propia. Estoy segura de que no seré la misma.

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Para citar

Paula Medina Muñoz y Egresada de Comunicación Social, “Conmigo,” Catálogo de Obras Artísticas, revisado 1 de junio de 2020, https://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/482.

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Imagen de fondo ORO, autor Iván Rickemann.