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LA CASA, LAS CORTINAS

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Descripción

Cuento

Fuente

LA CASA, LAS CORTINAS.


Algo me decía mi viejo sobre las cortinas ese día. Que no las fuera a dejar abiertas, entre abiertas tampoco. Que hubiera comprado cortinas más gruesas, o algo así decía. 

-Estas son más enclenques que quién las compró y más transparentes que su padre, y el colmo con los acabados que tienen.

Decía y decía.

-Agarra juicio, que no vas a querer ver lo que viene…

Seguía diciendo con un aire de lucidez que me supo a senil.

La compostura se me estaba escurriendo. Caía sin detenerse un momento. Como que la quería agarrar con mis manos, pero no logré nada. Mientras yo me hacía trapos, él seguía hablando, cada vez más viejo y sabio.

Estábamos sentados en las sillas de mimbre. Hablaba sereno; muy sereno, como para lo que hablaba. 

-Ve a comprar comida y paga los recibos. No falta mucho y la gente ya corre de un lado para el otro. Si algo pasa, no podremos vernos y…

Siempre que se sentaba colocaba su pañuelo blanco con verde en sus rodillas y lo tomaba para secarse la frente. La camisa blanca con manchas verdes, muy bien planchada; el pantalón de paño negro, sin una sola mota; sus zapatos negros, como espejos. Caballero, distante y temple, como siempre lo conocí, nunca sudó enfrente mío, nunca vi temblar sus duros labios, nunca sentí el peso del aire que me respiraba.

Yo me levanté del mimbre, incómodo, a prender un cigarro mientras él seguía hablando. Sus palabras me perseguían. Atosigaban mi sereno.

-… Y tu madre manda saludos, que nada nuevo te cuenta…

Ya cuánto va sin saber nada nuevo. 

El viento hace que las ramitas del guayabo se mezan y se choquen unas con otras cuando sopla fuerte. Suenan como aplausos cuando chocan. Yo lo contemplaba mientras el cigarro se iba fumando solo. El hombre seguía y seguía. 

-Cuando todo vuelva a estar como estaba…

Sus palabras nunca lo secaron, ni probó el café que le serví. Solo habló y habló hasta que acabó:

-Es desearte el bien, muchacho. 

Cerré mis ojos pensando en las ramas del guayabo y mientras eso mi viejo se borró con sus palabras. Abrí mis ojos buscando los suyos, pero, solo encontré el pañuelo en la silla y el café en la mesa. Al frente de ellos, colgadas, las cortinas enclenques y transparentes.

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Para citar

Juan Manuel Álvarez Avendaño y Estudiante de Comunicación Social, “LA CASA, LAS CORTINAS,” Catálogo de Obras Artísticas, revisado 1 de junio de 2020, https://catalogodeobras.javeriana.edu.co/catalogodeobras/items/show/476.

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Imagen de fondo ORO, autor Iván Rickemann.